Música del Alma

By: Sri Chinmoy

La música del alma despierta e inspira de inmediato nuestros corazones porque encarna  al Supremo Absoluto. La música del alma es la Luz que quiere expresarse de un modo divino.

Igual que la oscuridad quiere manifestar su autoridad aquí en la Tierra, la Luz quiere también manifestar su Realidad y su Divinidad de un modo específico.La Luz es el alma de todas las cosas. La Luz es el alma de la música. La Luz es el alma del amor y la Luz es el alma de todo arte. Cuando la Luz se manifiesta en forma de música, es la música del alma.

Música significa auto-expansión y unicidad. El Ser se expande por medio de la música. El Ser que se expande no es el ser individual sino el Ser ilimitado. La música es la expansión de la Realidad ilimitada.

Sin duda podemos utilizar la música para ayudarnos en nuestra vida espiritual. La música y la vida espiritual son como hermanas gemelas; no podemos separarlas.

¿Cómo podemos separar dos dedos o dos ojos? Viven el uno junto al otro. Si un ojo no funciona bien, sentimos que nuestra visión es imperfecta. La música y la vida espiritual pueden fácilmente ir juntas; la una complementa a la otra. La música ayuda al buscador espiritual a profundizar en sí mismo para obtener la máxima satisfacción de la vida, de la verdad, de la realidad. La vida espiritual, a su vez, ayuda a la música a ofrecer su capacidad y su fortaleza, que es la luz del alma, al mundo en general.

Cuando escuchamos música espiritual o cuando nosotros mismos interpretamos música espiritual, inmediatamente nuestra existencia interna se eleva alto, más alto, altísimo. Se eleva y entra en el Más Allá, el cual está constantemente tratando de ayudarnos, guiarnos, transformarnos y moldearnos en nuestra verdadera imagen trascendental, nuestra verdadera divinidad. Cuando escuchamos música del alma o interpretamos una pieza de música del alma, sentimos una especie de estremecimiento en nuestra existencia entera. Desde la punta de los pies hasta lo alto de la cabeza sentimos que un río está fluyendo a través de nosotros, un río de conciencia iluminada.

Si podemos sentir que
no es nuestra voz,
no son nuestros dedos,
sino alguna realidad
que está expresándose
en lo profundo de nuestro corazón,
sabremos
entonces que se trata
de la música del alma.

La música externa
procede de un instrumento externo.
La música interna
procede del corazón.
El nombre de esta música interna
es unicidad.

La música es el lenguaje interno o universal de Dios. Yo no hablo el francés, el alemán o el italiano, pero si escucho la música de cualquiera de estos países, inmediatamente el corazón de la música entra en mi corazón o mi corazón entra en la música. En ese momento no es necesaria la comunicación externa; la comunicación interna del corazón es suficiente. Mi corazón está comulgando con el corazón de la música, y en nuestra comunión devenimos uno inseparablemente.

En el mundo espiritual lo siguiente a la meditación es la música, el hálito de la música. La meditación es silencio, energizador y colmador. El silencio es la elocuente expresión de lo inexpresable. Dice Aldous Huxley: “Después del silencio, la música es lo que más se acerca a expresar lo inexpresable.”

El silencio es el origen de todo. Es el origen de la música y es la música misma. El silencio es la más profunda, la más satisfactoria música del Supremo.

El silencio es como una corriente que va a un sitio y se convierte en un río, o a otro y se convierte en un arroyo, o al mar donde se expande totalmente.

El silencio es el nido y la música es el ave. El ave abandona el nido temprano en la mañana y regresa al nido al atardecer. Del mismo modo, en el mundo espiritual, la música divina procede del alma más profunda del silencio.

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